El nuevo lanzamiento de Ian Leo no es simplemente un video musical: es un manifiesto visual sobre el desgaste espiritual del artista contemporáneo. Después de presentar su sencillo Evening 1, el creador capitalino revela ahora su videoclip oficial, una pieza dirigida por él mismo que funciona como espejo, rito y exorcismo. La obra mezcla iconografía religiosa con estética punk, una fusión que encarna su propio conflicto entre inspiración y sacrificio, entre la necesidad de crear y el costo emocional que implica continuar haciéndolo.

La textura analógica y el tratamiento fílmico convocan la nostalgia del celuloide de 35mm, como si cada escena estuviera destinada a repetirse eternamente. Ese grano imperfecto es también una metáfora del desgaste humano: una imagen que vibra, sangra y se erosiona frente a los ojos del espectador. En este viaje visual, el Museo del Juguete Antiguo México (MUJAM) se transforma en un santuario distorsionado, un altar melancólico hecho de vitrinas, pasillos y objetos que conservan la memoria cultural del país. Pero bajo la lente de Ian Leo, el museo se vuelve un terreno sagrado y profano al mismo tiempo, un espacio donde la inocencia perdida convive con la crudeza de la performance moderna. Cada pieza en exhibición parece un eco del propio artista, recordándole las máscaras que debe sostener para ser amado y las historias que lo atraviesan aunque ya no le pertenezcan.

Evening 1 es una confesión. Quería mostrar ese punto en el que el artista deja de ser una persona para volverse un símbolo, incluso cuando eso lo destruye. Es un acto de fe, pero también un agotamiento”, declara Ian Leo, sintetizando el corazón del proyecto. Y es justamente a través de ese agotamiento que el video cobra fuerza. En pantalla, Ian Leo interpreta a León, un sacerdote gótico que ofrece su música como un ritual frente a una audiencia de punks vestidos de negro, ocultos tras máscaras, velos y cadenas. El momento se convierte en una ceremonia oscura en la que cada nota pronunciada equivale a un sacrificio, un acto de devoción que exige su carne y su respiración.

La atmósfera se vuelve más densa con cada minuto: luces parpadeantes, sombras que se alargan, cuerpos que observan y juzgan. El performance se eleva hasta alcanzar un punto místico y opresivo, donde lo sagrado y lo violento se confunden. Al final del video, cuando el telón cae, la revelación golpea con fuerza. Los mismos asistentes que lo celebraban lo arrastran afuera del escenario sin mirarlo, sin comprenderlo, sin detenerse ante su cansancio. Es una imagen brutal, casi ritualista: el artista consumido por una devoción que no sabe cómo detener, por un público que venera la figura pero no al ser humano detrás de ella.

Con Evening 1, Ian Leon reafirma que el arte no solo se interpreta: se padece, se enfrenta y, a veces, se entrega por completo hasta desaparecer en las sombras que uno mismo invoca. Este estreno no funciona como un simple videoclip, sino como una declaración de vulnerabilidad y una exploración del precio que se paga por convertirse en símbolo. Aquí, el espectáculo termina, pero el costo permanece.




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