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Ni el frío ni las nubes protegen del sol: los hábitos que pueden estar dejando la piel expuesta

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En Colombia, la altitud, la humedad y la exposición cotidiana cambian la manera de proteger la piel. En este contexto llega CeraVe Sun, con fórmulas desarrolladas para integrar la protección solar y el cuidado de la barrera de la piel a la rutina diaria.

Salir en un día nublado en Bogotá, conducir durante varias horas o caminar bajo el sol de Cartagena parecen situaciones completamente distintas, pero tienen algo en común: en todas existe exposición a la radiación solar. En un país con condiciones geográficas y climáticas tan diversas como Colombia, CeraVe Sun llega con un portafolio de protección solar desarrollado para responder a diferentes necesidades de la piel y facilitar que protegerla deje de ser un hábito reservado para la playa o los días de calor.

Y es que algunas de las creencias más arraigadas alrededor del sol pueden generar una falsa sensación de protección. No existe el “bronceado saludable”: el cambio de color de la piel es una respuesta de defensa frente al daño provocado por la radiación UV. Tampoco un cielo cubierto significa ausencia de exposición: hasta un 80 % de los rayos ultravioleta pueden atravesar las nubes y sus efectos se acumulan a lo largo del año.

En Colombia, además, el lugar donde vivimos importa. En ciudades de mayor altitud como Bogotá, la atmósfera filtra menos radiación, por lo que un clima frío o templado no significa necesariamente menor exposición. En Cartagena, Barranquilla o Santa Marta, en cambio, la alta radiación se combina con humedad y sudoración, haciendo especialmente relevantes la resistencia al agua y una reaplicación más frecuente.

“La protección solar tiene que empezar a entenderse como parte del cuidado diario de la piel y no solamente como algo que usamos cuando vamos de vacaciones o sentimos que el sol está más fuerte. Con CeraVe Sun buscamos acercar a más personas productos desarrollados con respaldo dermatológico que sean fáciles de incorporar a su día a día y ayuden a cuidar la piel más allá de lo estético democratizar la protección solar”, señala Sandra Malca, Directora de Marketing Cerave Ceran.

La exposición también ocurre dentro de edificios y vehículos

La exposición tampoco desaparece al entrar a un edificio. Los rayos UVA pueden atravesar los vidrios de ventanas y automóviles, haciendo que actividades como conducir o trabajar durante periodos prolongados cerca de una ventana también deban considerarse.

¿Y las pantallas? Aunque la luz azul que emiten computadores y celulares suele generar dudas, su radiación es significativamente menor que la de la luz solar natural. CeraVe Sun incorpora además fórmulas pensadas para ayudar a proteger la piel frente a factores externos como la polución.

El reto de convertir la protección solar en un hábito diario

El desafío, sin embargo, no es solamente recordar utilizar protector solar, sino encontrar uno que resulte fácil de usar todos los días. La sensación grasosa, las texturas pesadas o los residuos blancos han sido históricamente algunas de las barreras para incorporarlo a la rutina.

Frente a ellas, CeraVe Sun cuenta con alternativas de acabado invisible, control de grasa y tecnología de rápida absorción con secado en un segundo, además de tres ceramidas esenciales que ayudan a cuidar la barrera natural que mantiene la hidratación y protege la piel frente a factores externos.

Aplicar correctamente el protector también es parte de la protección

La protección también depende de utilizar el producto correctamente. Aplicar una cantidad insuficiente, olvidar zonas como las orejas, el cuello, los labios o las manos y no reaplicar son algunos de los errores más frecuentes.

Cuando existe exposición solar intermitente a través de ventanas, se recomienda reaplicar aproximadamente cada cuatro horas; durante actividad física, playa o piscina, cada dos horas o después de nadar, sudar intensamente o secarse con una toalla, se debe reaplicar inmediatamente.

Así, más que preguntarse únicamente si hace sol, la protección diaria implica entender dónde estamos, cuánto nos exponemos y qué necesita nuestra piel. Del clima frío de Bogotá a la humedad de la costa, del trayecto en carro a una jornada junto a una ventana, la radiación forma parte de momentos mucho más cotidianos de lo que parece y proteger la piel puede comenzar por reconocerlos.